lunes, 22 de julio de 2013

LES PRESENTO LA SELVA NUSEFA

El artículo de esta semana no puede empezar con una frase más cruda que “no valemos nada hasta que no entreguen los resultados del ICFES” porque sí, en once ya se siente ese temor, esa tensión, ese sinsabor al saber que no es importante el puntaje, porque en tu casa no hay dinero ni para la inscripción a un universidad pública, o simplemente lo tuyo  “no es estudiar” y el hecho se refleja en el deseo de ingresar a una fuerza (sin querer nunca desmeritar la labor de los “héroes de la patria” sean de la fuerza que sean) porque desafortunadamente, aunque el pensamiento que se limita  a un fusil es casi arcaico, ingresar a una fuerza significa para muchos no tener que volver a estudiar jamás, y entonces, los que soñamos con una carrera profesional nos preguntamos la verdadera funcionalidad de la escuela… ¿es acaso una destructora de sueños, la que nos escupe la realidad en la cara, o la que nos enseña y cultiva el deseo de un mejor mañana?

No Sé cuántos puedan identificarse con esto, pero ahora procuraré contarles la incertidumbre, o el compendio de sensaciones que son apenas mencionadas pero completamente perceptibles en nuestro entorno.

En un primer momento nos encontramos con los “resignados”  aquellos que ya no creen en lo que aprenden en once, estudian rezagados algunos temas básicos, y cuando hay temas que brillan por su presencia obligatoria en el examen, toman atenta nota, pero sienten la prueba tan cerca que ya no se preocupan… no importa mucho el resultado; desafortunadamente algunos no tienen para la inscripción, otros no saben ni que estudiar… en fin, los resignados no tienen rumbo y andan “tranquilos”, pero intranquilos en secreto, puedo decir que es una situación preocupante.

Seguidos vamos los “medio definidos”, este es en definitiva mi grupo: sabemos casi a ciencia cierta cuál es nuestra carrera,  tenemos en mente un puntaje de ensueño, no sabemos bien como es el cuento de la universidad y soñamos a lo grande, aunque la escuela nos escupa la cruda realidad de que aunque vivimos en un mundo de posibilidades, estas son escurridizas, y solo los más ágiles son capaces de agarrarlas. Ya nuestra preparación es intermitente… el primer pensamiento del día es “¿si es lo que quiero hacer el resto de mi vida?”  y si fuera elección nuestra, presentaríamos el examen mañana, solo para evitarnos la agonía y saber cuál es nuestro futuro, buscamos universidades y nos compartimos las fechas límites de inscripción… hablamos de nuestros miedos en las convocatorias y los segundos planes por si nada de lo esperado funciona, es el grupo más grande, donde estamos la mayoría.

Para terminar, encontramos por supuesto el grupo de “los definidos”: son quienes tienen el futuro “asegurado”, o porque tiene dinero suficiente para una universidad privada, o  porque dedicarán su vida  al servicio de alguna fuerza pública de la nación; no les preocupa sino un mínimo en el ICFES, por lo tanto mantienen en un aire calmado de superioridad tan inquietante que desespera.

Creo fielmente que ahora más que nunca el NUSEFA es como una selva… llena de leones, hienas, cuervos, burros y uno que otro humano tratando de intervenir; es complicado llegar a este punto y al fin entender que el choque con la realidad es impresionante, nadie que por voluntad quiera ayudarte, solo eres tú vs el mundo, cero maestros, y en muchos casos, cero papás, o en su defecto papás cajeros.

Como estoy casi igual que la mayoría, no aconsejo nada…. No sé si es mejor que estudien o se resignen, pero eso sí, es momento de buscar universidades, no se duerman en los laureles, ¿y cómo buscar?, Googleando, porque si esperamos orientación, fijo nos morimos de hambre.



DALILA ANDREA HENAO












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